Todo aquel que estudia una carrera o se prepara para una profesión lo hacen con la convicción de estar adquiriendo todas y cada una de las herramientas necesarias para desarrollar destrezas y por ende, ser los mejores profesionales posibles. Son pocas las personas que concientizan su proceso de aprendizaje, aún el específico (nada que ver con cultura general) no sólo como un proceso continuo, sino heterogéneo.

Soy diseñador gráfico y a diferencia de otras profesiones, aquí hay que ser creativos “porque sí” y estamos trabajando continuamente, sin cesar y sin darnos cuenta, las 24 horas. Sin embargo, toda profesión que implique “crear” sufre del mismo “mal”. Despertamos sobresaltados de madrugada buscando afanosamente un lápiz y un papel, la tablet, el teléfono, para esbozar la diagramación de una página, la posición de los elementos de un afiche y hasta los colores del logotipo aquél; o abrimos el portátil escribiendo el grupo de instrucciones que no conseguías para esa rutina de tu programa. Se viene sin compasión y sin previo aviso el producto de quizás horas de procesamiento interno subconsciente y pareceremos locos al saltar de donde estemos a atajar dicho producto pues estando en un estado de semi-insconciencia aún, al igual que mucho de lo que soñamos, si lo dejamos para cuando nos levantemos en la mañana probablemente desaparezca en el laberinto de la inconsciencia.

Una vez realizaba un trabajo sobre el ensayo de Freud “El olvido de los nombres propios” que trataba de la frecuencia en que no conseguimos recordar un nombre propio, que aunque estamos seguros de conocer, mientras más nos esforzamos en recordarlo, más respuestas erróneas conseguimos. Según Freud, esas respuestas equivocadas son producto de perturbaciones producidas por conversaciones, pensamientos o ideas previas al momento del olvido aunque la razón del olvido es más complejo pero en resumen es lo que expresa. He leido varios ensayos de Freud y éste es uno de los que más me ha gustado. Ese nombre propio olvidado, el de un amigo o amiga que hace tiempo no veíamos o el de la persona que nos presentaron ayer, la dirección que te dieron hace unas horas o incluso cuando a veces te han preguntado cuál es tu número telefónico y no lo recuerdas, debido a la influencia de otras entradas neurales, no se borran de tu memoria pero su indexado se pierde momentáneamente o incluso, en casos extremos, para siempre. El mismo destino puede correr esa idea parida de ese “Ménage à trois” entre el Subconsciente, Inconsciente y el Consciente.

De una forma u otra esta capacidad de crear en “stand by” nos hace más vivos y en coincidente retroalimentación, nos hace más creativos. Pero esa velocidad, a veces concluyente, para dar a luz las ideas tiene que ver además con una compleja red de asociaciones producto de actividades que pudiéramos definir como”extracurriculares” las cuales hacen una mente más cercana a lo integral. El concepto utilizado mucho en publicidad de “Brainstorming” se relaciona a ello pues un grupo de creativos y otros no tantos, exponen ideas, a veces tan descabelladas como puedan imaginarse e incluso algunas idiotas y sin sentido, pero basta que alguna de ellas contenga el “trigger” adecuado que genere en cadena una gran idea. Ese gatillo puede ser incluso una palabra, una tendencia, cualquier cosa.

Este caos controlado en interacción con agentes entrenados en asociar ideas crea un gran red neural capaz de generar conceptos novedosos, resolver problemas de manera genial, es decir, con creatividad e inteligencia.

No importa cuál sea tu profesión, pero siempre y cuando debas ser creativo: adentrarse en la publicidad con un seminario, tomar un taller para preparar papel artesanal, asistir a la proyección de los comerciales del Festival de Nueva York, aprender a dibujar con carboncillo, pueden ser parte importante del proceso creativo de un profesional. No nos cansaríamos de sorprendernos del grandioso poder de las asociaciones mentales al momento de crear.

Víctor Rodríguez R.
Diseñador Gráfico
vrvisual@gmail.com
mayo 13th, 2015 at 2:35 am